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La lana con la que se tejen las películas

abril 3, 2013 116 18 No hay comentarios

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Autora  ALICIA LUNA

¿Qué espero ver cuando pago por un película de tema social? ¿Entretenimiento? ¿Diversión? ¿Dispersión? ¿Alucinación? ¿Sufrimiento? Yo lo que espero es al menos que me den la posibilidad de pensar y debatir aunque sea con mis propias ideas a la salida del cine si es que he ido sola, costumbre recurrente en mí. Eso me encontré a la salida de Evelyn y de Los niños salvajes.

¿Todos los hombres son despreciables como parece que cuenta Evelyn? No, por supuesto que no. ¿Todos los hombres que consumen prostitución son despreciables? ¡Ay! Que no lo sé. Empieza la polémica y el debate entre amigos que nos coloca caminando a media noche por las calles después de varios vinos, algún gintónic y chistes a doquier. Evelyn es una de esas historias de disparo certero a un mal endémico, el de la prostitución, que lleva esperando en la camilla de urgencias para ser intervenido socialmente algunos siglos de este mundo y otros más de aquel que ya pasó. Estas películas no son respuestas, ni tesis académicas, son preguntas de autoras inquietas que a mí, particularmente, me acercan a los otros para digerir lo que me muestran.

Claro, esto no me pasa cuando escojo una película de entretenimiento como La Pesca del salmón en Yemen, película de premisa prometedora y punto pelota. Esta me deja superficialmente sumida en una especie de “pluf que mona” e inmediatamente empiezo a pensar en qué tengo que hacer mañana. Últimamente en el debate de si el cine es caro o ultrasupercaro, útil o funesto, me encuentro ante películas anglosajonas, las más norteamericanas, que me cuentan historias del tipo “cine europeo” dirigidas por directores a veces norteamericanos pero muchas otras europeos, protagonizadas por estrellas de Hollywood, con un dineral invertido en la producción (léase Un lugar donde quedarse, de Paolo Sorrentino (italiano) con Sean Penn). Ya pero es que estas son mucho mejores, me replica el replicante. Pues no, lo que son es mucho más caras. Y con más dinero las cosas siempre parecen mejores.

Y yo vengo a hacerme la pregunta entonces de, ¿es malo el cine europeo? Lo que es, es barato y nos queda así como de andar por casa. Los norteamericanos siguen buscando expandir su mercado audiovisual que tan buenos beneficios les da y ahora han venido a hacer lo que ya veníamos haciendo en el viejo continente pero con todo su buque de carga. ¿Por qué ven los norteamericanos tan claro que el cine vende cultura, vende producto interior bruto y nosotros, en este caso, los españoles, no queremos ver más que a cuatro perroflautas que viven de nosotros para hacer sus historias que, según decimos, no interesan a nadie? Pues fíjate que a la industria norteamericana que es más lista que el hambre parece que sí le interesa este cine nuestro tan remalo. ¿Por qué han comprado los derechos de Celda 211 para hacerla ellos en vez de distribuirla en su país sin más? Porque ellos la van a hacer mejor. No me sean ilusos que para ellos el cine es mercado y van a sacar estupendos beneficios de un producto que van a convertir en propio para volvérnosla a vender con un envase más mono y más caro, y que además van a meter en los mercados de todo el planeta para sacar estupendos dividendos de ella.

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Esta, señores y señoras mías, es la lana con la que se teje la alfombra roja del cine norteamericano, que nos deja con la sensación de caminar con los pies mullidos y no nos preguntamos mucho más. ¿Queremos espectáculo nada más cuando pagamos por ir al cine? A mí que me registren pero Los descendientes (+ de 20 mill.) es una película que habla ¿de qué? Ah sí, de los descendientes en/de Hawaii con George Clooney. Prefiero Los idus de marzo (20 mill +/-), que además la ha dirigido él y me recuerda a aquella titulada Z, de Costa Gavras y con guión de nuestro Jorge Semprún. ¿La pesca del salmón en Yemen (16 mill +/-) va sobre? Ya, ya, sobre Ewan McGregor pescando salmones en el desierto, que tiene una gracia que te caes de espaldas, con la que está cayendo por aquellos mares de arena.

Me ha gustado Un lugar para quedarse (25 mill. +/-) y me gusta nuestro cine, el que ojalá pudiéramos hacer con más dinero para que brillara más y nos vendiera mejor. Evelyn tiene fuerza, tiene ritmo, tiene polémica y a lo mejor nos ayuda a resolver un problema social o a entenderlo mejor. Y si le falta algo es dinero. Los niños salvajes (1,5 mill +/-) tiene la frialdad de una casa habitada por esos adolescentes a los que ni entendemos ni sabemos cómo tratar y a los que solo se nos ocurre hacer la pregunta de “¿Por qué lo has hecho?” “Eso ya me lo ha preguntado la prensa”, dice la niña de la película.

Hacer con poco dinero películas que nos muevan en el asiento es un don y no un insulto. Y prometo seguir mirando el cine desde la entraña de su historia y no desde el escaparate de sus fastos. Gracias Isabel de Ocampo y Gracias Patricia Ferreira por la perseverancia en querer hacerlas y haberlo conseguido.

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Goya al mejor guión por Te doy mis ojos (2004) que escribió junto con Icíar Bollaín y por el que obtuvo el Premio al Mejor Guión Europeo en el mismo año, Alicia Luna se inició como guionista de cine con Pídele Cuentas al Rey (1999, José Antonio Quirós, Premio del Público en la Seminci de Valladolid). Más tarde vendrían títulos como Sin ti y La vida empieza hoy que fue galardonada con el Premio de la Crítica en el Festival de Málaga. Ha escrito los libros Nunca mientas a un idiota (Póker para guionistas y demás escribientes) un ensayo mordaz de cómo aprender del póker para mejorar como escritores y Matad al guionista, entrevistas a guionistas sobre metodologías de trabajo. En su actividad docente imparte talleres y cursos de guión a la vez que dirige la Escuela de Guión de Madrid.
En el ámbito social es la presidenta de la Fundación Lydia Cacho que ayuda a personas amenazadas por luchar contra violaciones de derechos humanos.
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